Hoy voy a hablarte de valores. Pero este no será el típico artículo en el que leas listas y listas de definiciones para que marques aquellas que mejor casen contigo. El enfoque será otro y comenzará con dos preguntas:

  1. ¿Te has parado a pensar por qué determinados comportamientos o acciones de otras personas te sacan literalmente de quicio?
  2. ¿Puedes identificar qué situaciones son las que generan en ti una reacción desorbitada, haciendo que tiemblen las piedras y el suelo bajo tus pies?

Cuestión, entre otras cosas, de valores.

Si, si, de esos valores que nos definen, nos identifican, marcan las pautas de nuestro comportamiento y nuestras decisiones.

Todos tenemos valores nucleares –unos más y otros menos que de todo hay- y precisamente el enfoque que hoy comparto contigo te ayudará, no solo a identificar los tuyos, sino a vislumbrar los de las personas que te rodean o al menos comprender que el choque entre valores  puede explicar buena parte de tus conflictos tanto personales como profesionales.

Descubre tus valores, define tu esencia

 

1. Los valores elementales tienen más importancia de la que crees.

Hablar de valores básicos, es hacerlo de valores primarios, los que nos acompañan desde que tenemos uso de razón, aquellos de los que aun no siendo plenamente conscientes de su existencia, han marcado y marcan buena parte de nuestras decisiones personales y profesionales.

Los valores primarios son elementales.

Si le preguntas a alguien muy cercano que te defina, saldrán a la luz por su evidencia: ordenado, responsable, confiable, competitivo, orientado al logro…; todos son igualmente válidos, no hay valores básicos mejores ni peores, tu comportamiento será el que a la larga genere consecuencias positivas y negativas tanto para ti como para tu entorno.

2. Pocos e irrenunciables

Te daré la primera pista para identificar un valor fundamental: jamás renunciarás a él.

Para identificarlos existen múltiples ejercicios que puedes utilizar, presta atención al resultado de todos ellos; si tras concluirlos acabas identificando como valores  esenciales más de 10 algo no estás haciendo bien. Te explico el porqué.

Hace unos meses Álvaro Merino nos decía en un curso de liderazgo, que los valores importantes, los que realmente son el core de nuestra existencia no son muchos, no pueden serlo porque jamás y bajo ninguna circunstancia estaremos dispuestos a renunciar a ellos, a negociar sus límites; el hacerlo nos haría perder nuestro ingrediente estrella, la identidad.

 💡 Si vas por la vida con 10, 15, 20 aspectos innegociables, tienes un serio problema; mezclas en la misma caja lo que aun siendo relevante puedes pasar por alto en algún momento, con aquello otro en lo que jamás, jamás darás tu brazo a torcer. Los demás obviamente también lo tendrán, ¿a quién le apetece compartir mesa y mantel con un intransigente?

Revísalos y obsérvalos desde otra perspectiva.

Los valores básicos son pocos e irrenunciables #marcapersonal Clic para tuitear

3. Tus emociones te dan pistas para descubrirlos

Ya sabemos que son pocos, innegociables y que no podemos separarlos de nuestra identidad ¿Cómo reconocerlos?

Ahí va la segunda pista.

 💡 Al considerar algo innegociable, lo que sea, lo que hacemos es marcar “líneas rojas” infranqueables. En una mesa de negociación esas fronteras puestas en peligro harán que te levantes y abandones o directamente rompas el acuerdo.

Pues en el día a día hacemos lo mismo con nuestros valores básicos, simplemente que no nos damos cuenta de ello.

Cuando alguien o algo traspasa uno de tus “no negociables”, tu reacción emocional será también muy primaria, te enfadarás y mucho. Ese enfado “supremo”, ese malestar, te estará diciendo que de una manera u otra algo muy importante para ti se ha puesto en peligro, se han transgredido “las normas” que encuadran tu personalidad.

Con un ejemplo lo verás más claro.

Supongamos que dices que uno de tus valores es el orden.

Para ti es muy, muy importante. O eso crees. Tal vez lo sea, no lo dudo, pero vamos a comprobarlo.

 💡 Imagina que tienes que compartir despacho durante 8 horas al día con un/a compañero/a que tiene la mesa hasta arriba de papeles, vasos de plástico, envoltorios de chocolatinas, auriculares, cacharrería varia, tantos que acaba invadiendo tu espacio:

Si te molesta y mucho pero  eres capaz de justificar su desorden con pensamientos racionales del tipo “que desastre, no sé cómo puede encontrar nada en ese caos, ¡hoy hasta ha dejado el móvil en mi cajonera!” he de decirte que el orden es para ti un valor importante pero no elemental; si lo fuera el ver esa leonera te pondría directamente cardiaco/a hasta el punto de llegar a tener una fuerte discusión con el/la implicado/a e incluso perder los papeles.

¿Has escuchado alguna vez la expresión “tocar hueso”? Pues aquí aplicaría, nos dan donde más nos duele, el control lo toman emociones como la ira (se exterioricen o no). Si has visto la película Del revés tu panel de control emocional, en esos momentos estaría en manos del muñequito rojo iracundo.

4. Identificar tus valores desde esta doble perspectiva te ayuda a conocerte mejor y a entender los focos de conflicto con los demás.

Hace unas semanas mantuve una conversación con una antigua colega, hacíamos repaso de nuestra relación profesional que fue difícil en muchos momentos; ella explicaba los desacuerdos desde la perspectiva de la competitividad, de la falta de diálogo e incluso de la envidia; yo, que andaba preparando este post argumentaba que buena parte de los conflictos se originaron por tener valores nucleares distintos y muy escorados, compatibles cuando la relación se mantiene en el ámbito más personal y en la distancia pero difíciles de resolver en el día a día en una relación de colaboración.

La verdad como siempre seguramente se encuentra en un punto intermedio.

💡 Conocer esos valores básicos, tuyos y solo tuyos, que chocarán inevitablemente con los de los demás te ayudará a entender situaciones, a poner nombre a lo que pasa en relación con los demás.

Alguien cuyo valor básico es la sinceridad, no podrá aceptar en ninguna circunstancia mentiras, mentirijillas o medias verdades, por pequeñas que sean.

Aquel otro con un valor nuclear como la orientación al logro, luchará por sus objetivos y si eso pasa por camuflar la verdad en algún momento, no dudará en hacerlo.

¿No crees que tarde o temprano estas dos personas acabarán “chocando”?

Cuantos más valores compartamos, más sencilla y pacífica será la convivencia, la colaboración.

 

5. Ponerlo en práctica

Explicada la teoría, supongo que necesitarás ponerla en práctica. Para ello estoy preparando un recurso muy gráfico que te ayudará a hacerlo. No te lo pierdas.

 

R E C U E R D A :

No es difícil tomar decisiones cuando uno sabe cuáles son sus valores. Roy Disney Clic para tuitear

Fuente de imagen: Pixabay y Freepik

Si tienes dudas de cómo aplicar lo que has leído...

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