Los españoles no saben buscar empleo. Así de tajante comenzaba este artículo de Ana Torres Menárquez para El País que leí hace un par de semanas y que es origen de este post.

¿Quieres un resumen? Ahí va: parece ser que aunque leamos y leamos artículos, escuchemos podcasts o asistamos a seminarios de orientación laboral, a la hora de buscar empleo seguimos replicando los mismos “hábitos” de hace décadas.

Hace 20 años.

Cuando terminé la carrera, las cosas no estaban nada bien en nuestro país; éramos muchos, muchísimos para todo; los procesos de selección de alguna que otra gran consultora, se hacían en salas enormes al más puro estilo examen de oposición.  Había poco empleo y la competencia era feroz.

Las escasas ofertas que se publicaban, lo hacían en las hojas color sepia de los grandes diarios; los que podían hacían posgrados, pero la gran mayoría andábamos perdidos (como ahora) con una licenciatura bajo el brazo, en un mundo laboral competitivo (como el de ahora) y con el único objetivo de encontrar un empleo estable (como ahora, no nos engañemos).

Yo por aquel entonces -aunque trabajaba y era la envidia de algún que otro compañero de promoción- hice lo que todos ellos: lanzar candidaturas espontáneas a diestro y siniestro.

Me dejaron un libro (un libro gordo y pesado del que no recuerdo el nombre) con descripción de las principales empresas por áreas de actividad, con su datos de contacto.

Compré 100 sobres tamaño A4, redacté un CV estándar y una carta de presentación bastante sosa, “chuté” toda la documentación y me senté a esperar… y a esperar… y a esperar…; menos mal que tenía trabajo porque podría haberme muerto de aburrimiento y desesperación.

No recibí ni una sola respuesta.

Todas las ofertas laborales sin excepción, llegaron a mi puerta: 1) cuando no las buscaba 2) de la mano, o mejor dicho de la boca, de alguien que había dado mi nombre y buenas referencias (miento, tal vez un par de ellas –entre las que se incluye mi actual empleo- me las hicieron tras pasar un proceso de selección formal).

Moraleja: ¿Qué quiero decir con toda esta historia?

Pues que si ahora más del 80% de las ofertas laborales se encuentran ocultas, esta tendencia se inició hace años; ya entonces la recomendación abría puertas que permanecían cerradas al expediente académico brillante y/o a la experiencia previa.

Que si 20 años atrás no funcionaba enviar a puerta fría 100 CV, ahora, en la era de la globalización, de la tecnología, del acceso a la información, donde puedes hacerte visible (o invisible) con más facilidad, es algo que simplemente hay que descartar.

Entonces como ahora, al menos en nuestro país, el objetivo era tener un empleo estable (no todo el mundo tiene cuerpo ni espíritu para ser freelancer) ; pero lo que sí ha cambiado es la toma de conciencia de nuestro mercado laboral, cambiante, precario, que incorpora y expulsa a partes iguales.

El que más y el que menos se ha dado de bruces con la realidad de que tener un contrato laboral indefinido no te garantiza estabilidad ni un sueldo para toda la vida y que es aconsejable estar preparado para ello, porque de una manera u otra  “te tocará reinventarte”.

Ahora, más que nunca, somos conscientes de que la carrera profesional depende de nosotros mismos y que más nos vale poner la atención y el esfuerzo en ella. No es una responsabilidad de las empresas (o al menos no solo de ellas), es una responsabilidad individual.

Por eso, si aquella joven recién licenciada me preguntara qué elementos le aconsejaría incorporar a su estrategia de búsqueda de empleo, le contestaría marca y networking.

Marca Personal: Ya la tienes, aprende a gestionarla.

Desde el primer momento en el que interactuamos con los demás (amigos, compañeros de clase o trabajo, familia, pareja, jefes o profesores…)  “dejamos algo” en ellos, algo por lo que seremos recordados, incluida la indiferencia.

De nuestra relación más o menos intensa conseguiremos etiquetas que nos pondrán en la frente.

Para esas personas seremos: el colega más divertido, la “manitas”, el que siempre quiere ganar, el persuasivo, la guay, el confiable, el experto en informática, el aburrido, la cotilla… ¿sigo? No creo que sea necesario.

Por eso el primero de los consejos no es una moda.

Si no tomas el control y gestionas la huella emocional que dejas en los demás,  no trabajarás en pos de esa futura conexión entre Necesidad y Persona que la puede satisfacer, entre un Problema y la posible Solución, entre una oferta de empleo y tu nombre.

Los dos pilares: propuesta y mensaje

En tu estrategia personal, sea cual sea tu objetivo: acceder a una beca, conseguir un proyecto, una promoción, incluso que te diga  la chica por la que estás colado has tener claro:

  1. Tu propuesta de valor: lo que te hace diferente, la manera en la que tú vas a ayudar a esa persona, los beneficios que conseguirá aquel que decida “tenerte a su lado , en su equipo”.
  2. Tu mensaje como eje de la estrategia; un mensaje que comunique claramente esa propuesta que te diferencia; un mensaje que cumpla las 3S: que sea sencillo, simple y sincero, indispensable para ser recordado. Un mensaje que puedas lanzar, con elegancia, en cada una de las ocasiones en las que te sea posible, un mensaje que salga de casa contigo, ya sabes la importancia de conseguir que “la oportunidad no te pille desprevenido

 

Lo quieras o no ya tienes una #marcapersonal, ahora toca gestionarla Clic para tuitear

 

Networking: Sin red es más difícil que lo consigas.

Iba a decir que sin red no existes, pero me pareció un poco drástico.

Vaya por delante que a mí personalmente me cuesta y mucho. Tal vez porque soy una persona introvertida.

Lo cierto es que, o tienes la capacidad (innata o desarrollada) de establecer relaciones, contactos de calidad y a largo plazo o tienes una gran desventaja.

He aprendido con los años que el networking no consiste en  asistir a charlas y eventos para esperar impaciente el coffee break y repartir tarjetas de visita como octavillas.

No va de quedar a tomar un café o compartir una comida y pasarte hora y media hablando únicamente de tí: que buscas trabajo o que prestas servicios. No se trata de una venta a puerta fría.

Tampoco de utilizar las redes sociales como ese libro que use en su día, sustituyendo los 100 CV por mensajes IN, mensajes directos o comentarios.

Lo realmente importante es establecer un contacto emocional real; hablar de cosas que sean interesantes para ambas partes, que durante la conversación hagamos llegar al otro nuestro mensaje sencillo, simple, sincero y BREVE, para a continuación continuar charlando del tiempo, el fútbol, la situación económica o del proyecto en el que la otra parte anda liada.

Como dice Xavi Roca, la marca personal es la reputación, y nos guste o no esa reputación será la suma de las etiquetas que nos cuelguen los demás, fruto de nuestra interactuación con ellos, de lo que les hayamos demostrado con cada una de nuestras acciones, incoherencias y omisiones.

Se trata de generar confianza, y para eso no hay nada mejor que tiempo, coherencia y honestidad.

 

Fuente de Imagen: Pixabay

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